Hasta el 40 de mayo…

Lluvia. Oviedo, mayo de 2010. © Miki López


Como la primavera es imprevisible, salir de casa en mangas de camisa y con playerinos es correr el riesgo de regresar con media pulmonía por ese chaparrón inesperado que refresca el ambiente y te deja tiritando. Mi abuelo miraba al cielo y olía la tormenta, la sentía en la brisa del mar. En la ciudad eso es mucho más difícil porque no hay naturaleza que sirva de “chivato”. Seguramente al hombre de la foto la necesidad le obligó a no mojar su innegable elegancia bajo la más dudable de un paraguas prestado para la ocasión. No te quites el sayo que todavía es 25 de mayo.

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