El vendedor de globos

Vendedor de globos. Avilés, 15 de febrero de 2010. © Miki López


Me paré unos diez minutos en una esquina de la calle de La Cámara a esperar por un compañero. Cuando apenas habían transcurrido 60 segundo ya empecé a sentir un frío insoportable. De hecho creo que este ha sido el Antroxu más frío que me ha tocado trabajar. El secreto está en no pararse ni un segundo. Es la única manera de que no se te congele la sangre en las venas. No puedo entender como los vendedores de globos son capaces de pasar tres o cuatro horas estacionados en la misma baldosa tratando de ganarse la vida vendiendo gas embotellado a 5 euros la unidad. Allí estaba el hombre cuando me fuí y allí estaba cuando regresé tres horas después.
Hoy cerramos el periódico sobre las 23:00. De regreso a casa pasé por la misma esquina de la cámara con la curiosidad de saber si seguía allí, sentado en la misma silla. En su lugar tropecé con media docena de adolescentes mezclando las sustancias de su botellón. Un poco más abajo me di de narices con la señal evidente de que había encontrado su furgoneta. No había sitio pa nadie más.

Furgoneta del vendedor de globos. Avilés, 15 de febrero de 2010. © Miki López

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