Cantares de chigre

Cantando en el chigre. Luanco, 1 de enero de 2010. © Miki López


No hace muchos años, a través de las puertas entreabiertas de los bares de El Parador, en Soto del Barco, se sentían a menudo las voces prodigiosas de algunos de los mejores cantantes de tonada del bajo Nalón. Milio’l Castro era uno de aquellos “tenores” de prao, que después de tomar dos vasos hacían valer la potencia de sus voces por encima de las de sus contrincantes de barra, tratando de no perder la afinación entre tanto alarido desmesurado.
Y después del tercer vaso a ver quién era el camarero valiente que les mandaba bajar el tono. Hacer algo así equivalía a perder un cliente de por vida, así que solo quedaba esperar a que alguno de los gayos abandonara la pelea.
Ayer en Luanco viví una versión más “light” de aquellos duelos sotobarquenses. El ambiente marinero invita más a la habanera, una canción más de equipo donde el conjunto prima sobre las voces más destacadas. El vino, los amigos y un camarero al quite de los vasos vacios crearon el ambiente más idóneo para una de las jam sessions más auténticas que viví en los últimos años. Milio’l Castro no era amigo de las habaneras. Para él era un género “lírico” menor más propio de señoritas. Pero estoy seguro de que ayer lo hubiese pasado muy bien tratando de imponer su “Soy de Pravia” sobre el “Nací en Verdicio”. Genio y figura.

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4 pensamientos en “Cantares de chigre

  1. Hola Miki! Muy bueno el post. El Parador ya no es lo que era. No hay cantares de chigre en los bares y la figura del paisano viendo los coches pasar media tarde apenas cuenta ya con ejemplos. Cabe decir que por suerte los eternos atascos del Semáforo del Cantábrico ya son cosa del pasado. Y que decir de su aspecto, con la mítica Puerta del Sol. Qué noches de juerga amenizadas por la impresionante colección de discos de Juli, Josele y Tiano, donde no faltaban grandes como Pink Floyd o lo más granado del panteón rockero y pop.

  2. Todo pasa amigo mio. Tan rápido como llega. Fueron buenos tiempos los compartidos con la “rotondona”. Es rara esa sensación de vacio que queda después de que estuviesemos tantos y tantos años deseando que la quitaran de allí. Ya ves…

  3. Que triste que ya no dejen cantar en casi ningún chigre, y los más triste ye que no dejen cantar pa que podamos escuchar bien esa mezcla de ruidos que se forma con les máquines tragaperres, la tele (o teles), un “hilo musical” y la gente dando voces, porque sino no hay manera de entendese con tanto ruidu.

    • Alguno queda. El ejemplo Luanco. Ahí hay tradición y exixte una especie de circuito de cantares de chigre. Y precisamente son estas las fechas en las que son más habituales esas sesiones. Y la única condición para particiar ye no desafinar más de la cuenta. Y si no, pues cantas bajín…

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