Ciclonín

Olas en el el puerto de Cudillero. © Miki López


Pues gracias a Dios, aquí en Asturias la bomba metereológica fue más bien un petardín. Algo de mar, contendores volcados y las bolsas de los supermercados compitiendo en altura con las palomas. Y nada más. Muchos esperábamos una noche catastrófica y por los alrededores de la comarca avilesina los servicios municipales amarraron hasta algunas marquesinas de autobuses en previsión de la ola de aire que se avecinaba. La calma de toda la jornada de sábado era como el presagio de que algo gordo se nos venía encima. A las 9 salí a la calle cuando empecé a oir bramar el aire a través de las ventanas de casa. Desde el mismo portal veía como las nubes volaban a una velocidad espectacular tapando y descubriendo continuamente la brillante esfera de una luna casi llena. Pero nada que no hubiese visto otras veces, incluso este mismo año, así que me imagino que ayer todos estábamos somatizando el temporal como consecuencia de los avisos de riesgo extremo de los servicios de emergencia. Y el caso es que todos los periódicos de Asturias tenían las páginas de sucesos en el aire (nunca mejor dicho) y a las diez de la noche me veía haciendo fotos de contenedores volcados para cubrir las páginas de un desastre que no llegó (gracias a Dios otra vez).
Esto de las emergencias empieza a ser preocupante. Está más que claro que vale más prevenir y que si se prevé un ciclón, pues hay que seguir las recomendaciones de las autoridades competentes. El problema es que cuando los fallos en las previsiones se repiten en el tiempo, lo lógico es que el personal se relaje con la idea de que el próximo aviso será nuevamente exagerado. Como lo de Pedro y el lobo, vaya.
A la próxima seguro que le haremos caso, aunque seguramente con menos miedo. Y eso no es bueno.

Calma en el molín del puertu

Un hombre amarra su barca en el Molín del Puertu. © Miki López


Vientos de hasta 120 km/h en el Cantábrico, marejada arreciando a fuerte mareja. Pero bueno, es el Cantábrico y no es precisamente una balsa de aceite, y menos en invierno. Oyendo las noticias de hoy, con alerta roja en la costa gallega y unas previsiones bastante terribles para el fin de semana, me acordé de un plácido atardecer en la pequeña cala del Molín del Puertu, en Gozón. Un hombre amarraba su barca en la bajamar del pedrero mientras la luz bajaba lentamente sobre un horizonte algo oscuro pero sin amenaza de lluvia. Todavía recuerdo el aroma dulce, mezcla del ocle de las piedras y de la sidra recien escanciada en el mesón del puerto. Olor y calor de un verano que todavía se va a hacer esperar bastante. A abrigarse todo el mundo.

Viaje al Centro de la Tierra

Mónica Valdés en la sala de las perlas. © Miki López


Los organizadores de las Jornadas de Fotografía de Naturaleza “Luces del Norte” me han invitado a contar mi aventura en la ruta espeleológica de la Cueva de Valporquero que parte de la espectacular entrada de Sil de Perlas y que termina en los barrancos de la salida de La Covona. Será este miércoles a las 19:30 en el centro municipal El Coto de Gijón. Tendré ocasión de contar la peripecia de meter una EOS 1 Y un Speedlite en un furaco como ese en el que empiezas a lo bestia con un rapel volao de 30 metros (si, si treinta metros) que te deja al pie de una estalagmita gigante. Y este es solo el anticipo de las gateras imposibles y no recomendables si vas con algo de sobrepeso, las agua heladas de un río que nunca se acaba y los barracos de salida por la Covona. Solo apto pa chiflaos (como yo, vaya), pero que tuvieron la suerte de contar con la garantía del buen hacer de profesionales como Pepe Blanco, Mónica Valdés o Vicente “Lobo” y con la inestimable colaboración en el material y la producción de esta aventura que corrió a cargo de La Escuela Asturiana de Piragüismo que dirige Calo Soto.

Rapel de 30 metros en la gran sala. © Miki López


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Nordeste

Nordeste en la playa de Peñarronda, Castropol. 2006. © Miki López


El nordeste siempre limpia el cielo. Lo deja tan azul como lo refleja el mar en los dias en que se hace dueño del viento. El inconveniente de esta brisa tan asturiana como la tonada, es que te deja la piel de gallina en cuanto encuentra un resquicio por el que alcanzarte la piel. Cogiendo altura sobre la playa de Peñarronda en cualquier atardecer del año, es fácil ver el resplandor de las gotas de mar que remueve la brisa del nordeste. Y no hay que preocuparse por el cielo. Siempre estará azul.

Escalera hacia el cielo

Escalera hacia el cielo. Avilés, 18 de febrero de 2010 . © Miki López


Hay una dama quien asegura que todo lo que brilla es oro
Y está comprando una escalera al cielo
Y cuando ella llega allí sabe si las tiendas están cerradas
Con una palabra ella puede obtener lo que vino a buscar

Stairway to heaven (Led Zeppelin)

La Vedete

La Vedete. Antroxu 2010. © Miki López


No sé yo si esta foto no tendría que haberla adjuntao a las del sexyboy del jueves. Y no lo digo porque este personaje de las canillas al aire tenga que ser el antihéroe del musculinos de la noche de comadres. Al contrario. La vedete de la charanga El Felechu no contaba con el calor humano de las mujeres de la discoteca Paradís y tiene el indudable mérito de mantenerse en pie y en continuo movimiento pese a los taconazos de sus zapatos “prettywoman”. Así que todo Dios a quitarse el sombrero ante este monstruo del equilibrismo que tuvo que sustituir al célebre Charlot de “El Felechu” y que excusó su presencia en el desfile antroxeru al encontrarse indispuesto por un cólico nefrítico ocasionao por la panzada de frío que “garró” el viernes por la noche. A mejorarse.

El vendedor de globos

Vendedor de globos. Avilés, 15 de febrero de 2010. © Miki López


Me paré unos diez minutos en una esquina de la calle de La Cámara a esperar por un compañero. Cuando apenas habían transcurrido 60 segundo ya empecé a sentir un frío insoportable. De hecho creo que este ha sido el Antroxu más frío que me ha tocado trabajar. El secreto está en no pararse ni un segundo. Es la única manera de que no se te congele la sangre en las venas. No puedo entender como los vendedores de globos son capaces de pasar tres o cuatro horas estacionados en la misma baldosa tratando de ganarse la vida vendiendo gas embotellado a 5 euros la unidad. Allí estaba el hombre cuando me fuí y allí estaba cuando regresé tres horas después.
Hoy cerramos el periódico sobre las 23:00. De regreso a casa pasé por la misma esquina de la cámara con la curiosidad de saber si seguía allí, sentado en la misma silla. En su lugar tropecé con media docena de adolescentes mezclando las sustancias de su botellón. Un poco más abajo me di de narices con la señal evidente de que había encontrado su furgoneta. No había sitio pa nadie más.

Furgoneta del vendedor de globos. Avilés, 15 de febrero de 2010. © Miki López