María Magdalena

María Magdalena. Monsacro, enero de 2010. © Miki López


La semana pasada subía a la cima del Monsacro, ese totem que precede a la sierra del Aramo y que ejerce una misteriosa atracción a cualquiera que se vaya acercando a Oviedo desde la costa. Y el caso es que en esa cumbre iniciática, se pueden explicar muchos de esos misterios que encogen el alma y hasta el paisaje al conseguir, en décimas de segundo, alcanzar con la mirada lo que muchas veces lleva horas de viaje. Es extraña esa sensación de viajar con los ojos. Estás contemplando las torres eólicas de La Espina y un segundo después eres capaz de seguir el contorno descendente de El Sueve, casi pegando a los arenales de Morís, en Caravia.
Y lo mejor es el silencio. Ese silencio paradójico sobre la térmica de Soto de Ribera, sobre la planta de ciclo combinado, sobre el barullo de coches de la ronda Sur y de la autovía del Cantábrico. Allá arriba estás en el cielo. Tanto es así que las únicas construcciones extracelestiales son dos enigmáticas capillas. La más impresionante es una de planta octogonal, forma geométrica atribuida a las capillas construidas por la legendaria orden del temple. La tradición dice que en esta ermita era donde se esconda el Arca Santa en los tiempos en que las hordas musulmanas amenazaban con el saqueo de la ciudad de Oviedo.
Y un poco más abajo, en el primer frente sobre la Asturias “civilizada”, emerge como centinela una sencilla capilla de planta rectangular. Tan sencilla como su nombre: “Magdalena”. Ese nombre mágico capaz de conectar lo más sagrado con lo más mundano. Un nombre de mujer con sabor a canción de Sabina, con aroma a Santo Grial de la novela de Dan Brown. Pero en definitiva un nombre tan sencillo como la pared de la capilla en la que permanece la imagen de esa virgen dando la espalda a Oviedo, en una actitud de indiferencia total hacia lo que está pasando allá abajo, donde es imposible ver más allá de la pared de un edificio de diez plantas o donde lo único transparente es la ventanilla de los coches en un atasco. O donde el silencio solo se encuentra en el water de un aparcamiento subterráneo. Nada… que me quedo aquí arriba un rato más. En la gloria de María Magdalena.

Capillas del Monsacro. Enero de 2010. © Miki López

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