Doce uvas y nueva década

Uvas. Nochevieja de 2008. © Miki López


Liquidao. Adiós al 2009, el año del tránsito: tránsito de década, tránsito de la crisis, tránsito de estrellas del Niemeyer, tránsito climático, tránsito de transeúntes y tránsito del tránsito político que nos lleva de camino a no saber hacia dónde transitamos. Pero bueno, por lo menos que no falten las buenas intenciones para salir de un estado de apatía social en el que nos estamos instalando todos mirando únicamente para nuestro culo.
Así que este año que empieza yo al menos intentaré arrancarlo con una mirada crítica a todos esos aspectos de esta sociedad competitiva y depredadora en la que nos ha tocado vivir y en la que las desigualdades sociales y las distancias entre los que tienen todo y los que no tienen nada, cada vez son más insalvables. Y hay que sacudirse el síndrome de Copenhague, eso de dejarlo para otra ocasión no es la mejor receta para solucionar los problemas de la sociedad moderna. La espera es la antesala de la muerte para muchas causas que por no tener, no tienen ni tiempo para eso. No perdamos esta batalla. Animo para todos en este año que entra.

Redacción de La Nueva España (Edición de Avilés). © Miki López


En esta foto no están todos los que son, pero sin son todos los que están. De parte de todos: FELIZ AÑO 2010

Inocente, inocente

28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. © Miki López


Como yo soy más inocente que un guaje, me imagino que hoy alguna ya me la habrán metido doblada. Me levanto todos los 28 de diciembre con la idea de estar alerta a las maldades de mis amigos y compañeros, pero en cuanto pasan un par de horas mi inocencia deja de estar en guardia y es el momento justo para liármela. Así que hoy he decido restringir las llamadas de teléfono y no salir de casa más que para lo necesario. Así no me puede pasar como a un genial periodista amigo mío al que le colaron una noticia falsa en un día como este. Lo más cómico del asunto fue que, además de publicar la noticia el día 29 de diciembre, el consiguió hacer un seguimiento del suceso “ficticio” para la víspera de nochevieja. Todo un crack.

Felices fiestas

Arboles en la nieve. Aller. © Miki López


Ya es Navidad. Ahora si. Es dificil darte cuenta porque están empeñados en meternos en este ambiente desde finales de octubre. Pero ahora llega el momento de desear unas felices fiestas a todos: amigos, colegas y compañeros de este mundo de la prensa y la fotografía. A todos os deseo una feliz Navidad.

Explosión de cava

Esta sufrida comarca avilesina ha vuelto a tener suerte por Navidad. Llevamos 3 de 4 años abriendo botellas de cava en vísperas de nochebuena y parece que esto ya empieza a ser una costumbre. De todas formas parece que esa explosión de alegría y dinero no conlleva una onda expansiva de optimismo al resto de los sectores de esta sociedad y hoy, después de alegrarnos por los agraciados y desearnos salud a nosotros mismos, ya nos hemos olvidado del tema y volvemos al aburrido ataque de la vida diaria.
Todavía nos queda la del niño.

Tercer premio de la lotería de Navidad en Corvera. 22 de diciembre de 2009. © Miki López

Haya salud

Toñi Trujillo tienta a la suerte. 20 de diciembre de 2009. © Miki López


A ver si alguno además de salud puede disfrutar de una jubilación anticipada con daiquiri debajo de una palmera en los mares del sur. De verdad que yo me conformo con la salud y con la idea de pasar otro año más rodeado de buenos amigos. Feliz sorteo.

¿Feliz Navidad?

Sin techo. Avilés, 20 de diciembre de 2009. © Miki López


Eduardo y Manuel. Dos nombre propios para un problema común que se hace duro, muy duro en noches como estas donde la carga emocional de un ambiente navideño prefabricado y la suma de un frío húmedo que cala hasta los huesos, convierten la historia de estos dos hombres en un triste cuento de Navidad.
Ayer conocí a Manuel. Estaba sentado en las escaleras del portal que le sirve de vivienda, con la vista perdida en el suelo, como no queriendo mirar a la cara de los que pasaban indiferentes a su lado. Y solo. En sus manos sostenía una tapa de un bote de café en el que dominaba el color bronce de las monedas de 5 céntimos. Yo buscaba fotos de una ola de frío que en esta ciudad no era tan acusada como en el resto de Asturias. En un pequeño cartel apoyado en su mochila se podía leer en letra a mano y con buena caligrafía: Sin trabajo, sin hogar. Un ayuda, por favor.

Manuel y Eduardo. Avilés, 19 de diciembre de 2009. © Miki López


No pude evitar el impulso de preguntarle si iba a pasar la noche allí, en aquel portal de mármol frío como el hielo. Con una voz ronca y en un portugués difícil de entender, me respondió que no tenía otro sitio a donde ir. Ya había consumido las tres noches de albergue de transeúntes de este mes y los 10 ó 12 euros que sacaba mendigando no le daban para pagar una habitación de una pensión. Además, si lo gastaba en eso se quedaba sin comer. Pero no estaba solo. Su amigo Eduardo compartiría cena y “habitación” con él esa noche. A las 8 de la tarde solía llegar y el mantel del suelo de aquel portal se convertiría en la mesa fría de una triste cena para dos consistente en bocadillos de atún en conserva, una botella de mosto y un paquete de galletas como postre.
Uno encofrador y el otro camionero. El primero sin familia y el segundo con cuatro hijos y una nieta recién nacida, que no tienen ni idea de que su padre pasa las noches al raso. Eduardo les miente por dignidad. Sabe que le obligarían a volver, pero él quiere intentar salir solo del agujero de una crisis global que solo entiende de cifras económicas y no se compadece de las historias personales.
Y Manuel, con toda una vida trabajando de encofrador tiene que enfrentarse a su primera navidad en la calle. Se acabó el paro y el dinero no da para más. Él por lo menos, no tiene que rendir cuentas a nadie y sigue tratando de buscar un trabajo en los restos de esa burbuja inmobiliaria que reventó llevándoselo por delante.

En los sacos a 0º grados. Avilés, 19 de diciembre de 2008. © Miki López


Ayer compartí ese momento de la cena con ellos. Cuando llegué a casa, dejando a los dos amigos con la compañía de los cero grados de aquel rincón abierto a la calle por las que se filtraba la pobre luz de una amarillenta luz de navidad, el alivio del agradable calor de estas paredes de mi casa, me hicieron sentir una insoportable sensación de culpabilidad ante la certeza de que volvería a dormir confortablemente en mi cama. Será una larga y fría noche para ellos. Para nosotros no dejará de ser una noche más.

El gaitero con sombrero

Gaitero. 2004. © Miki López


Le vi cientos de veces desde que sentí aquella gaita en la feria de muestras de Gijón a finales de los años 80. Me llamó muchísimo la atención aquella forma de tocar sentado con las piernas cruzadas y con la cabeza tan inclinada hacia abajo que dejaba el ala de su sombrero en ángulo recto respecto al suelo. Ya hace mucho tiempo que no le veo. Hace unos días entraba en un café de Avilés y me sorprendió su imagen icónica a modo de trofeo compartiendo espacio con las botellas de licor de detrás de la barra del bar.
Alguien me dijo que terminó en un asilo y la verdad es que siento un poco de pena al pensar en la posibilidad de no volver a verle hecho un nudo, floreando el puntero de aquella vieja gaita. También me quedo con una extraña sensación agridulce de verle convertido en una especie de souvenir para turistas. Seguramente eso sea la consecuencia de ser peculiar y tradicional al mismo tiempo. Qué cosas tiene la vida. Tengo la impresión de conocerle de siempre y curiosamente, jamás le he visto la cara.

Homenaje a un gaitero. 2009. © Miki López