Hojas


Un conocido fotógrafo amigo mío me preguntó hace unos años que si había llevado alguna vez a mi perra “N’arba” a la nieve. Lo decía porque mi querida mascota era de raza Alaska Malamute, una de esas especies caninas especializadas en el tiro de trineos.
Le comenté que la había llevado varias veces y que el animal se volvía loco en cuanto se veía encima del manto blanco y helado: saltaba, se revolcaba, retozaba y disfrutaba como si fuese un niño en una juguetería.
El conocido fotógrafo me dijo: “Lo que ye la genética. A mi pásame lo mismo en las sidrerías.”
No se si el componente genético tendrá que ver en el tema del disfrute de determinadas cosas sencillas de esta vida. Pero si es cierto que los niños sienten una especial predilección en revolcarse entre la nieve y, en estas fechas, hacen lo propio con las hojas que regala tardíamente este otoño tan cálido.
Hoy el viento sopló de lo lindo y los niños corrían entre y tras de las hojas arremolinadas por las ráfagas impetuosas de un viento racheado que las elevaba varios centímetros del suelo. Quien fuera guaje otra vez…Como no es el caso haré caso a mis genes y me iré a tomar una sidra.

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