Asesinos crueles

Cachorro. Ponga, 2007. © Miki López

Cachorro. Ponga, 2007. © Miki López


Un perro de cuatro meses es un animal juguetón e indefenso que solo vive para comer y para jugar con cualquier cosa animada o inerte que se deje o se lo permita. Eso lo sabe cualquier persona que haya criado un perro desde cachorro, como también sabe que a esas edades, son animales indefensos y muy sensibles a la actitud que tomemos con ellos en su convivencia diaria con los seres humanos, lo que les marcará su carácter para el resto de su vida. Sea como sea, al final la incondicional fidelidad para con su dueño es lo que le ha servido para colocarse ese apelativo de “el mejor amigo del hombre”.
La amistad, como tantas cosas en la vida, es cosa de dos. Y no merecemos que un animal tan noble y leal como el perro sea amigo de esa especie arrogante, destructiva y prepotente que domina (y somete) al mundo a su hegemonía insaciable y arrasadora.
Tres individuos de esa raza, tres asesinos crueles quebraron los huesos y la triste vida de un pequeño grifón de cuatro meses que tuvo la mala suerte de cruzarse en su camino. Los detalles de lo que vino después son estremecedores y terminaron con la dolorosa muerte del pobre animal a manos de las verdaderas bestias humanas que justificaron su acción, incluido el macetazo que rompió el cráneo del cachorro, alegando que todo había sido un accidente. Un accidente que rompió sus extremidades, que laceró sus carnes con heridas abiertas, que reventó sus ojos a patadas, los mismos ojos que seguro miraban sin entender y que se cerraron en la angustia del miedo atroz hacia sus verdugos.
Perro vagabundo, Oviedo, 2007. © Miki López

Perro vagabundo, Oviedo, 2007. © Miki López


Y todo se saldará con un año de cárcel y 2500 euros de risa para tres energúmenos que, amparándose en el accidente de su borrachera, se embriagaron en la violencia gratuita y salvaje que proyectaron sobre un ser indefenso (como me suena eso a los cobardes responsables de la violencia de género).
Cuando salga la sentencia y lleven el tironcito de orejas de la injusta justicia, esa misma tarde, podrán volver a quedar a tomarse unas cervecitas en cualquier chigre de Pola de Lena. No les pesará la conciencia. Total….solo fue un accidente.

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