“Be quite and drive” (Tranquilo y conduce)

Fernado Alonso. Montmeló, mayo de 2009. © Miki López

Fernando Alonso. Montmeló, mayo de 2009. © Miki López


Aunque sea difícil de creer, no me gustaría estar en la piel del piloto. Ya sé que no tendría complicaciones para cuadrar mis cuentas a final de mes y que mi mayor problema económico sería ver la millonada fiscal que tendría que pagar aquí, en Suiza o en Londres. Pero me acojonaría sentarme al volante del Ferrari el próximo año y que los Brawn, gracias a sus difusores y demás avances tecnológicos, me quitaran las pegatinas de “il cavallino rampante”. No se muy bien que pasaría con esta nueva afición de las masas asturianas al mundo del motor. En Asturias somos alonsistas o antialonsistas por partes prácticamente iguales. Pero los “anti” florecen en las épocas de secano del piloto asturiano y las críticas, en muchos casos tachadas de envidiosas por la parte contraria, se centran en la personalidad difícil del ovetense y posteriormente derivan hacia las astronómicas cifras que le rodean.
El mismo día que se hacía pública la entrada de Fernando en Ferrari, teníamos que leer en los periódicos que cada 2 segundos moría un niño en el mundo por causas relacionadas con el hambre, las guerras y la enfermedad. La mayoría de ellos en los países más pobres del planeta. Lógicamente eso no es culpa de Alonso ni de los que le pagan los 24 millones de euros al año durante los próximos 5 de contrato. Si la cosa va bien ganará en este periodo más de 25.000.000.000 (veinticinco mil millones) de pesetas. Con esa cifra cubriríamos más de la mitad del déficit de la sanidad asturiana de este año, por poner un ejemplo. Y con los ingresos en publicidad, pagaríamos el resto y nos sobraría una buena cantidad para gastos o para sanear cualquier otra PYME de esta maltrecha comunidad en crisis permanente. Y todo eso con el sueldo de un paisano solamente.
Oviedo, septiembre de 2009. © Miki López

Oviedo, septiembre de 2009. © Miki López


Lo que está claro es que ese dinero lo generamos todos cada vez que encendemos la tele para ver las carreras de fórmula 1 o al Real Madrid de CR9, generando audiencias millonarias que se traducen en verdaderas barbaridades monetarias que revierten en unos pocos. Y eso es una suerte para ellos.
Si nos parásemos a pensar tan solo un segundo en el drama que supone la muerte individual, con nombre y apellido, de un solo niño a causa del hambre, estoy seguro que más de uno apagaría el televisor y no lo encendería en un año. No soportamos ver realidades incómodas y solo pensamos en sentirnos bien. Y en el dinero. Un valdesano me dijo una vez “si la fame diera perras quien nos vería correr pa África”.
Tranquilo y conduce porque aunque los males de este mundo actual no se arreglan conduciendo un coche a 300 kilómetros por hora, los asturianos nos entretendremos viéndote triunfar al volante de un ferrari. Mucha suerte.
Be quite and drive. Montmeló, mayo de 2009. © Miki López

Be quite and drive. Montmeló, mayo de 2009. © Miki López

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