El río que nos vio pasar

Lanchas amarradas en los embarcaderos de madera de El Castillo. Soto del Barco. © Miki López
Lanchas amarradas en los embarcaderos de madera de El Castillo. Soto del Barco. © Miki López

Un patio lleno de niños de entre 4 y 12 años, un par de adolescentes y una abuela. Es agosto de 2016 en la casa de mi madre. Un agosto más en un lugar privilegiado del paraíso. Un agosto no muy distinto al de aquellos veranos de los 70, en este mismo escenario en el que los niños éramos los padres y los padres los abuelos.  La torre del castillo de San Martín ve pasar la vida como el río que acaricia sus murallas poco antes de morir en el Cantábrico. El Nalón que refrescó nuestros juegos estivales nace y muere a diario en un bucle eterno que nos hace pequeños y efímeros, como verdaderas aves de paso. Creemos ver pasar el río hasta que el tiempo nos hace entender que en realidad es el río el que nos ve pasar en un breve suspiro de su existencia, enseñándonos a valorar las cosas en su justa medida.  Somos agua de ese cauce, agua que nace y muere diluyéndose en el océano del tiempo. Si un día soy abuelo en otro verano azul tan intenso como éste, volveré a darte las gracias Nalón por haberte fijado en nuestro paso. Los niños juegan, el río fluye y la vida sigue. Que delicia.

Día internacional de la fotografía

Fotografiando sombras. Lugones. 28 de agosto de 2015. © Miki López
Fotografiando sombras. Lugones. 28 de agosto de 2015. © Miki López

Echando cuentas resulta que llevo más de 25 años enganchado a una cámara de fotos. Viví la transición de lo analógico a lo digital sin apenas darme cuenta de lo que se nos venía encima, pero cuando hice mi primera foto con una cámara digital, entendí que las cosas iban a cambiar. Y mucho. A finales de los 90, los fotógrafos de prensa vivíamos deprisa. O eso creíamos. Cerramos los laboratorios analógicos de los periódicos y comenzó la locura de los ordenadores, los portátiles, las wifis y el trabajo en tiempo real. Llegó un momento en que nos olvidamos de lo que realmente éramos y vimos como la democratización de las imágenes en la red creó un inmenso mar de basura en formato jpg que inundaba páginas web y redes sociales. Y ese volumen de “ruido” fotográfico fue aumentando exponencialmente conforme iban bajando los precios de las cámaras de fotos. Incluso nosotros pasamos de tirar dos o tres carretes diarios, lo que vienen a ser unas 100 fotografías, a como poco, cuadriplicar esa cifra en un día de trabajo normal. En una jornada extraordinaria, como la de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, os podéis imaginar…
Cambiamos la calma del buen cazador de instantes decisivos por el estrés de cámaras capaces de disparar 10 fotogramas por segundo, imágenes que transfieren inmediatamente a un teléfono móvil para enviarlas en bruto y a lo bruto a una redacción situada a cientos o miles de kilómetros para, a continuación, ser publicadas en una edición digital de forma inmediata.
Los tiempos han cambiado la fotografía, un arte cuyo proceso se mantuvo prácticamente inalterable durante más de un siglo. pero ahora todos tenemos que saber de megapíxeles, espacios de color, formatos de imagen y software de procesado. Términos y tecnologías que cambian día a día dejando obsoletas nuestras cámaras de miles de euros cuando apenas hemos terminado de pagarlas.
Lo único bueno de esta nueva situación es que la primera parte del proceso sigue y seguirá siendo un arte. No hay tecnología que supere la capacidad de percepción de un buen fotógrafo. La creatividad, el sentimiento y el buen ojo son capacidades exclusivamente humanas. Si algo bueno tiene la red es que, entre toda esa basura que flota en el mar de las webs, todos los días encuentro a un fotógrafo que me hace sentirme orgulloso de pertenecer a este gremio de supervivientes. Feliz día de la fotografía a todos.

Historias olímpicas: la soledad de un podio

Podio. Campeonato de Asturias de judo alevín 2016. © Miki López
Podio. Campeonato de Asturias de judo alevín 2016. © Miki López

Muchas horas de entrenamiento. Tal vez demasiadas. Lo vivo en carne propia porque tengo la suerte de tener dos chavales compitiendo en judo, uno de esos deportes olímpicos que jamás les dará de comer pero que al menos, les está sirviendo como escuela de vida, como ejercicio de esfuerzo, superación, convivencia y respeto por los demás. Incluidos los rivales. Lo triste es que en este país de pandereta todo lo que se escape de los 90 minutos que dura un partido de fútbol, no merece ni el más mínimo de los respetos. Aprovechando estas vacaciones de verano me trago con gusto buena parte de estas olimpiadas de Río y pienso en los escasos medallistas nacionales que certifican el hecho de que a nuestras autoridades deportivas se la sopla todo aquello que no sea la LFP. Cuántas horas, cuanto sacrificio, cuánto dinero propio invertido en alcanzar el sueño de competir en unas olimpiadas, en un europeo o en un campeonato de España. Mis críos disfrutaron como siempre de su deporte en unas jornadas espectaculares para el judo mundial, en las que vibraron de nuevo con Teddy Riner, Shoei Ono o María Bernabeu. Nombres que no significan nada en el país del garrulismo ilustrado pero que, lo crean o no, son el sueño y el ejemplo de muchos judokas españoles. Y lo mismo podríamos trasladar al resto de disciplinas deportivas que seguimos durante estas cálidas noches de verano y en las que norteamericanos, rusos, japoneses, franceses, chinos o alemanes se dan todo un atracón de oros, platas y bronces mientras a nosotros, tristes españolitos, se nos cae la cara de vergüenza cuando echamos un ojo al medallero. Que casualidad que sean esos países los que se encuentran al frente de la economía mundial. Quizás se nos esté escapando algo en el reino de la mejor liga del mundo, la de los clubes deficitarios y pufistas que pagan millonadas de escándalo a deportistas veinteañeros con nóminas que en un solo mes superan con creces el presupuesto anual de cualquier federación deportiva, ya sea de atletismo, remo, badminton o natación. Veo los podios de Mireia Belmonte, de Marcus Walz, de Orlando Ortega…veo esas caras de inmensa felicidad y pienso en el esfuerzo por compaginar estudios y entrenamientos, tal y como hacen mis dos hijos sin prácticamente ningún apoyo estatal que al menos puediese facilitarles la organización de sus horas de estudio, sobre todo cuando terminen la educación obligatoria. Muchas horas de entrenamiento y muchas horas de estudio para sacar sus sueños adelante. Con esfuerzo algunos lograran subirse al podio para al final quedarse solos. El deporte, como en tantos otros países desarrollados, debería poder ser parte del futuro profesional de nuestros jóvenes. Y quien habla de deporte, habla de ciencia e investigación. Pero ya se sabe…es mucho más fácil crear otra burbuja inmobiliaria. Lo dicho, un país de pandereta.

La casa vacía

Elsa en la casa de Muros. © Miki López
Elsa en la casa de Muros. © Miki López

La luz de agosto entraba a raudales por el ventanal de la cocina. Marta preparaba cajas de cartón del supermercado reforzándolas con cinta adhesiva mientras Elsa y Glori envolvían las piezas de vajilla en papel de periódico. Yo observaba la escena esperando a que se llenase alguna de las bolsas de plástico azul que terminarían en el contenedor de la basura.

Farola en El Parador. Muros. © Miki López
Farola en El Parador. Muros. © Miki López

El desorden no impedía que aflorasen los recuerdos y volví a ver a mi suegro Ángel sentado en la esquina de aquella cocina, entretenido con los gorriones a los que alimentaba con migas de pan. Vi a Baby, la superabuela, de pie junto a los fogones, hablando con voz dulce a un Iyán de tres años y rizos dorados que jugaba con cochecitos y canicas en el suelo de la sala. Voces en la distancia que marcan la crueldad del tiempo. Bajé la escalera de la calle con la bolsa a cuestas. Crucé el jardín comunitario intentando esquivar la nostalgia de un pasado tan reciente y tan lejano y no pude evitar cierta tristeza al lanzar aquellos recuerdos envueltos en plástico al fondo de un sucio contenedor. De vuelta a casa volvieron las imágenes y los ecos sordos de los timbres de las bicicletas. Nel recuerda aquellos veranos luminosos de carreras y juegos, de balones de fútbol y patinetes, todo envuelto en la dulzura y el frescor de los besos y los helados de hielo. Y como una estrella fugaz todo terminó. Tan rápido como lo hizo la infancia. Ángel y Baby se fueron pronto, casi sin despedirse, víctimas de la sentencia de un destino que dejó tan vacía la casa que jamás podremos volver a llenar. Esta calurosa mañana de verano cerramos por última vez la puerta tras la que se quedan montones de recuerdos. Y buen pedazo del alma.

 

 

 

Lágrimas de San Lorenzo

Vía Lactea. Soto del Barco, 9 de agosto de 2016. © Miki López
Vía Lactea. Soto del Barco, 9 de agosto de 2016. © Miki López

Llevo una semana de vacaciones en el Soto de mi infancia. Entre tantos recuerdos, disfruto del sol en la terraza de esta casa de mi madre, en el precioso barrio de La Magdalena, levantándome temprano para volver a abrir la ventana de mi habitación. Una habitación con vistas al paraíso del Bajo Nalón, al castillo de San Martín, a San Esteban de Bocamar y al azul intenso de nuestro Cantábrico. Una de estas noches despejadas fotografié la vía láctea sobre uno de los faroles que mi padre había instalado en el viejo patio que mira al norte. Ojalá pudiese haberte enseñado esta foto, viejo…seguro que te habría encantado ver ese camino blanco dibujado en el cielo que tantas veces contemplaste desde este mismo lugar. Ayer intenté hacer lo mismo con las lágrimas de San Lorenzo, pero ya sabes, el cielo asturiano no suele dejar ver sus estrellas y nos deja pedir pocos deseos. Hoy nos levantamos con la triste noticia de la muerte de Gustavo, una de esas personas únicas e irrepetibles que ha dado este pueblo. Un adelantado a su tiempo y sobre todo, una buenísima persona que se enfrentó a la enfermedad con el coraje de su espíritu valiente. Parece que el cielo quiere despejar…seguro que esta noche veremos esas lágrimas del infinito. Hasta siempre Gustavo. Dale un abrazo al viejo.

Peregrinos del viento

Thijs Droogmas en el Camino de Santiago.  Allande, 15 de julio de 2016.  © Miki López/La Nueva España
Thijs en el Camino de Santiago. Allande, 15 de julio de 2016. © Miki López/La Nueva España

Thijs es el nombre de 2 metros de peregrino nórdico que remonta los repechos del Canino de Santiago con la firmeza de un ciclista-escalador en el Tour de Francia. Los del sur no estamos acostumbrados a estos portentos físicos, rubios y de ojos azules inasequibles al desaliento que demuestran su poderío con una facilidad pasmosa. A poca distancia de nuestro punto de partida entablé conversación con este agradable holandés errante que repite ruta jacobea, esta vez por el denominado Camino Primitivo. Como tantos otros peregrinos, Thijs se busca a si mismo en un paisaje en el que es más que fácil perderse, especialmente en esta etapa rompepiernas, la etapa de los hospitales, que hace referencia a las tres hospederías medievales que bordeaban el sendero tras superar algunas de las rampas más duras en el ascenso al desierto de La Marta, el puerto allandés que, junto con el del Palo, son parte del reino del viento y la niebla de Asturias. Hoy los restos de aquellos antiguos refugios de piedra siguen siendo testigos mudos del peregrinar jacobeo.

Camino de Santiago. Montefurao, Allande. 15 de julio de 2016.  © Miki López/La Nueva España
Camino de Santiago. Montefurao, Allande. 15 de julio de 2016. © Miki López/La Nueva España

Cuando uno se para ante sus ruinas es inevitable pensar en la cantidad de viajeros que encontraron calor y comida en mitad del frío, la niebla y la ventisca que en invierno se adueñan de este paisaje de montaña tan maravilloso como hostil. Pero también en verano solo los peregrinos más audaces se atreven con la ruta de los hospitales. En estos meses estivales las altas temperaturas se alían con las rampas verticales que quiebran los 26 km eternos en los que no es posible encontrar ni aldeas ni agua potable, por lo menos hasta llegar a Montefurao, a unos 8 km del destino que marca Berducedo. Y allí se quedó mi amigo holandés, encontrando un trozo de si mismo a la sombra de un rincón en el que parece que se detuvo el viento, el tiempo y el silencio. El camino continúa por la única calle de Montefurao, bordeada por muros que desfilan entre casas de piedra y pizarra antes de iniciar otro duro ascenso en dirección a Lago. La brisa cede y el calor asfixiante del mediodía golpea en el rostro y en el ánimo antes de llegar a la carretera y al oasis del único bar que se puede encontrar a lo largo de la ruta.
Tras una de esas cervezas inolvidables, seguimos el sendero que serpentea entre los montes de pinos que sirven de puerta a Berducedo. Cuatro kilómetros llanos que se convierten en un paseo placentero donde las piernas siguen con facilidad la inercia del maltrato al que las hemos sometido durante esta durísima etapa del Camino de Santiago. Al fondo, entre la arboleda se vislumbra el albergue de Berducedo, donde los peregrinos ya descansan a la sombra acogedora de sus paredes. Para ellos mañana el camino continuará descendiendo la vertiente de El Palo que muere en Grandas de Salime, donde enfilaran el puerto del Acebo que les introducirá en la Galicia del Apostol Santiago. Buen camino Thijs. Buen camino peregrinos. Merece la pena.

Oye chaval…¿y estos que celebran?

Adriana Lastra, Antonio Trevín y Tini Areces en la sede de la FSA en la noche electoral del 26 de junio. © Miki López/La Nueva España
Adriana Lastra, Antonio Trevín y Tini Areces en la sede de la FSA en la noche electoral del 26 de junio. © Miki López/La Nueva España

Crucé el umbral de la sede de la Federación Socialista Asturiana. El hall vacío era un claro reflejo de lo que decían las encuestas. Escaleras abajo, en la sala de prensa, sólo media docena de compañeros periodistas seguían los primeros datos del reparto de votos con un gesto de cierta sorpresa. El PP comenzaba a marcharse del acoso de la izquierda española como un zorro en una cacería, aprovechando la pelea entre los dos perros de presa que querían hincarle el diente. Alguien me dice que la cúpula de la FSA se encuentra enclaustrada en la planta noble y que no se esperan declaraciones hasta que no las haya hecho Pedro Sanchez.
Sofía Castañón sigue el escrutinio de las elecciones generales del 26 de junio desde la terraza de la Calleja de la Ciega. © Miki López/La Nueva España
Sofía Castañón sigue el escrutinio de las elecciones generales del 26 de junio desde la terraza de la Calleja de la Ciega. © Miki López/La Nueva España

Con este panorama decido acercarme a La Calleja de la Ciega, el chigre del Casco Antiguo en el que se prepara la fiesta del sorpaso. Cruzo otro umbral y aunque la sala está llena de gente, se palpa una extraña sensación de vacío. Las caras iluminadas tenuemente por las pantallas de televisión reflejan una mezcla de tensión e incredulidad. Abajo, una tosca sábana blanca hace las veces de pantalla sobre las que ser proyectan las gráficas de los resultados que van dando las televisiones en tiempo real. El escrutinio avanza constatando un alarmante descenso de votos en la coalición. Caras tan largas como la noche que se avecina. Veo a Sofia que, como es habitual en ella, no oculta sus emociones. Orviz apura una cerveza junto a un Llamazares imperturbable. El veterano político de IU lo veía venir. Sigue avanzando el recuento y la brecha aumenta.
-Joder…pero las encuestas…
-¡¿Que encuestas ni que hostias?!…A la gente le da vergüenza decir que vota al PP, y eso no sale en las encuestas de los cojones.
Adriana Lastra se abraza a Javier Fernández tras el recuento de las elecciones generales del 26 de junio.  © Miki López/La Nueva España
Adriana Lastra se abraza a Javier Fernández tras el recuento de las elecciones generales del 26 de junio. © Miki López/La Nueva España

Dejo el bar dándole vueltas a esta conversación que se mantenía delante de la sábana-pantalla mientras reviso las fotos de rostros abatidos que acababa de tomar en La Calleja de la Ciega.
Regreso al PSOE. Siguen avanzando los resultados, los peores resultados de la historia para el PSOE, pero no se produce el sorpaso. Nos avisan de que Javier Fernández y Adriana Lastra darán la cara antes que el Secretario General del PSOE y candidato a la presidencia del gobierno. La sorpresa fue que no hubo sorpaso y la noche se convirtió en una fiesta en la FSA. Si llego a haber visto mis fotos sin conocer los resultados, apostaría todo mi sueldo a que los socialistas habrían ganado las elecciones del 26 de junio. Abrazos y felicitaciones entre históricos del PSOE asturiano cerraron mi noche electoral. Eran cerca de las 12 de la noche. De camino al periódico recordé alguna de esas celebraciones de equipos de segunda división b cuando, en días como estos de junio, se libran de milagro del descenso a tercera. No hace mucho, a la salida de un estadio, un agnóstico del fútbol, al verme salir con la cámara entre tanto barullo, me preguntó:
-Oye chaval…y estos ¿que coño celebran?
-Lo que no perdieron.