Oviedo en septiembre

Oviedo. 24 de septiembre de 2016. ©Miki López
Oviedo. 24 de septiembre de 2016. ©Miki López

Va    cayendo septiembre, poco a poco, como las hojas del parque de San Francisco, despidiendo un San Mateo más en un año menos. Sigue el rosal lleno de gente, chavales con vasos de plástico y bebidas de colores que recuerdan más a un jardín de infancia que a la pubertad febril e inmadura que hoy representa la vetusta calle, llena de locales que, salvo contadas excepciones, hace años que cambiaron de nombre y de clientela. Quinceañeras de falda corta y entubada repiquetean sus tacones sobre los enlosados de las aceras, manteniendo el equilibrio mientras se pierden en el barullo de los bares ocultos tras la multitud irreverente que camufla sus puertas. Un poco más abajo, el agudo murmullo del Rosal se va fundiendo con el rumor veterano de los chiringuitos del casco antiguo. La gente cruza de un lado a otro de la calle, confundiendo peregrinos con estudiantes, mezclado hippies con hipsters, surferos con punkies entre los que se cuela algún cura sin sotana. Este es el Oviedo del siglo XXI, el Oviedo que todavía revive en septiembre y muestra lo mejor de una ciudad que enamora en otoño. Octubre ya está a la vuelta de la esquina. Que no nos nuble la mente el aire de las castañas. Lo mejor es respirarlo.

Fartuco me tenéis

Cámara, carnet de prensa y teclado. Oviedo, 11 de septiembre de 2016. ©Miki López
Cámara, carnet de prensa y teclado. Oviedo, 11 de septiembre de 2016. ©Miki López

Vamos a ver hombre: uno de los mayores problemas de Asturias es la sangría demográfica, bien sea por envejecimiento de la población  o por la consabida fuga de jóvenes en busca del futuro laboral que este país norteño no ha sabido ofrecerles. Y resulta que ya se han iniciado una serie de contactos entre nuestros representantes políticos para intentar paliar un problema del que depende el futuro de todos. Se da el caso de que trabajo en un medio de comunicación de gran tirada, que mi labor está reconocida y amparada por el artículo 20 de la cacareada constitución española, que es mi deber y mi obligación informar de temas que puedan ser de interés general para la sociedad y que nadie, absolutamente nadie en un contexto democrático, puede interferir en esa labor divulgativa. Este último viernes de septiembre nos enteramos de una reunión de los grupos parlamentarios de la Junta General con el consejero de la presidencia para tratar el problema demográfico. En el control de acceso al edificio me toman los datos antes de dar aviso al responsable del gabinete de prensa. El “No” rotundo se escuchó a más de un metro del auricular que sostenía la ujier de presidencia. Sorprendido, aunque no extrañado, protesto ante la mirada indiferente de la funcionaria que sencillamente hace lo que le mandan. Lo mismo que yo. Salgo refunfuñando no sin antes recordar al que me quiera oír, que este país pierde libertades a la misma velocidad que ha perdido la vergüenza a nivel político. Fartuco me tenéis.

El retiro del retratista

Irma Collín y Nacho Orejas. La Fresneda, 2 de septiembre de 2016. © Miki López
Irma Collín y Nacho Orejas. La Fresneda, 2 de septiembre de 2016. © Miki López

Ya se sabe que las cosas buenas de la vida suelen ocurrir solo una vez y como si de un tren se tratase, vale más dar un salto y subirse al vagón sin esperar siquiera a que se detenga. No sería la primera vez que alguno pasa de largo. Y eso ha hecho mi amigo, mi compañero y mi maestro Nacho Orejas, dejándonos una agridulce sensación que uno no sabe como interpretar. Pierdo a un colega de profesión de ojo privilegiado, inteligente y audaz, de ideas claras y enemigo de las medias tintas. Un fotógrafo de la vieja escuela al que el mundo digital le pilló por sorpresa, una era tecnológica que en realidad nada cambió en su forma de ver la vida a través del objetivo de una Nikon. Pasó de hacer grandes fotos en negativo a seguir haciendo grandes fotos en digital, a interpretar como nadie la esencia de sus retratados en una película T-max 400 de la misma manera que en un sensor de 30 Megapixels. Nacho es el ejemplo vivo de que esta profesión de valientes nunca cambiará, porque detrás de tanta tecnología, de tantos filtros de Instagram, de tanta imagen HDR, existen fotógrafos capaces de retratar el alma escondida tras una escena que para los demás pasará inadvertida. En eso, querido maestro, siempre serás inigualable.

Estoy triste porque te echaremos de menos, porque este periódico nunca volverá a ser el mismo sin las fotos de Nacho Orejas, pero estoy feliz porque sé que tu pelea por mantener el tipo cuando esa espalda que no daba para más, se convirtió en una pesadilla inaguantable y creo que llegó la hora y la oportunidad de coger ese tren. Gracias maestro. No tienes ni idea de lo que me enorgullece el haber tenido el privilegio de trabajar a tu lado.  Ahora el honor de sustituirte lo tiene la gran Irma Collín.

Feliz retiro Nacho. Te lo has ganado más que de sobra.

Medallas de modestia

Ángela Pumariega. San Esteban, Muros del Nalón. 25 de agosto de 2016. © Miki López /La Nueva España
Ángela Pumariega. San Esteban, Muros del Nalón. 25 de agosto de 2016. © Miki López /La Nueva España

Ángela vive con la sonrisa dibujada en su cara. Puede presumir de ser oro olímpico pero no lo hace. Se cuelga la medalla de la modestia cada vez que habla de su carrera deportiva y de todos los sacrificios y sinsabores que implica el ser la mejor en un deporte tan desconocido como la vela en su modalidad de match race, una disciplina que para la mayoría de los mortales, incluido yo mismo, suena a cualquier cosa menos a deporte marítimo. Embarcamos en San Esteban con varios miembros del club náutico que nos sirvieron de anfitriones y guías por uno de los tramos más espectaculares de la costa asturiana, uno de los que formará parte de la serie que La Nueva España dedica al litoral asturiano. Es agosto, pero un inusual viento del sur cubre de gris plomizo el horizonte de un cantábrico que se embravece con facilidad. Es el verano de Asturias, el estío que vende caro el azul del cielo y que crea el ambiente mágico que inspira leyendas como las de la xana de Aguilar o de las sirenas de Cudillero. La lancha patroneada por Miguel, rebota sobre las olas que el casco pulveriza en gotas que salpican a bordo y refrescan la sensación de bochorno que llena el aire de tormenta. Angela atiende las explicaciones de los marineros de San Esteban y se siente cómoda entre el oleaje. A fin de cuentas forma parte del mar porque el mar es su vida y se nota cuando habla de ello. Cuenta su vida con más modestia que orgullo aunque esa medalla no se la ha regalado nadie. Sin perder la sonrisa comenta que ya se está preparando para volver a lo más alto, luchando contra el viento y las mareas de los inconvenientes, incluidos los de los despachos de nuestras autoridades deportivas que en ocasiones, parecen océanos mucho más insalvables que los de cruza con destreza a bordo de su velero.
Un placer haber navegado en tu compañía…yo al menos pienso presumir de eso.

El río que nos vio pasar

Lanchas amarradas en los embarcaderos de madera de El Castillo. Soto del Barco. © Miki López
Lanchas amarradas en los embarcaderos de madera de El Castillo. Soto del Barco. © Miki López

Un patio lleno de niños de entre 4 y 12 años, un par de adolescentes y una abuela. Es agosto de 2016 en la casa de mi madre. Un agosto más en un lugar privilegiado del paraíso. Un agosto no muy distinto al de aquellos veranos de los 70, en este mismo escenario en el que los niños éramos los padres y los padres los abuelos.  La torre del castillo de San Martín ve pasar la vida como el río que acaricia sus murallas poco antes de morir en el Cantábrico. El Nalón que refrescó nuestros juegos estivales nace y muere a diario en un bucle eterno que nos hace pequeños y efímeros, como verdaderas aves de paso. Creemos ver pasar el río hasta que el tiempo nos hace entender que en realidad es el río el que nos ve pasar en un breve suspiro de su existencia, enseñándonos a valorar las cosas en su justa medida.  Somos agua de ese cauce, agua que nace y muere diluyéndose en el océano del tiempo. Si un día soy abuelo en otro verano azul tan intenso como éste, volveré a darte las gracias Nalón por haberte fijado en nuestro paso. Los niños juegan, el río fluye y la vida sigue. Que delicia.

Día internacional de la fotografía

Fotografiando sombras. Lugones. 28 de agosto de 2015. © Miki López
Fotografiando sombras. Lugones. 28 de agosto de 2015. © Miki López

Echando cuentas resulta que llevo más de 25 años enganchado a una cámara de fotos. Viví la transición de lo analógico a lo digital sin apenas darme cuenta de lo que se nos venía encima, pero cuando hice mi primera foto con una cámara digital, entendí que las cosas iban a cambiar. Y mucho. A finales de los 90, los fotógrafos de prensa vivíamos deprisa. O eso creíamos. Cerramos los laboratorios analógicos de los periódicos y comenzó la locura de los ordenadores, los portátiles, las wifis y el trabajo en tiempo real. Llegó un momento en que nos olvidamos de lo que realmente éramos y vimos como la democratización de las imágenes en la red creó un inmenso mar de basura en formato jpg que inundaba páginas web y redes sociales. Y ese volumen de “ruido” fotográfico fue aumentando exponencialmente conforme iban bajando los precios de las cámaras de fotos. Incluso nosotros pasamos de tirar dos o tres carretes diarios, lo que vienen a ser unas 100 fotografías, a como poco, cuadriplicar esa cifra en un día de trabajo normal. En una jornada extraordinaria, como la de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, os podéis imaginar…
Cambiamos la calma del buen cazador de instantes decisivos por el estrés de cámaras capaces de disparar 10 fotogramas por segundo, imágenes que transfieren inmediatamente a un teléfono móvil para enviarlas en bruto y a lo bruto a una redacción situada a cientos o miles de kilómetros para, a continuación, ser publicadas en una edición digital de forma inmediata.
Los tiempos han cambiado la fotografía, un arte cuyo proceso se mantuvo prácticamente inalterable durante más de un siglo. pero ahora todos tenemos que saber de megapíxeles, espacios de color, formatos de imagen y software de procesado. Términos y tecnologías que cambian día a día dejando obsoletas nuestras cámaras de miles de euros cuando apenas hemos terminado de pagarlas.
Lo único bueno de esta nueva situación es que la primera parte del proceso sigue y seguirá siendo un arte. No hay tecnología que supere la capacidad de percepción de un buen fotógrafo. La creatividad, el sentimiento y el buen ojo son capacidades exclusivamente humanas. Si algo bueno tiene la red es que, entre toda esa basura que flota en el mar de las webs, todos los días encuentro a un fotógrafo que me hace sentirme orgulloso de pertenecer a este gremio de supervivientes. Feliz día de la fotografía a todos.

Historias olímpicas: la soledad de un podio

Podio. Campeonato de Asturias de judo alevín 2016. © Miki López
Podio. Campeonato de Asturias de judo alevín 2016. © Miki López

Muchas horas de entrenamiento. Tal vez demasiadas. Lo vivo en carne propia porque tengo la suerte de tener dos chavales compitiendo en judo, uno de esos deportes olímpicos que jamás les dará de comer pero que al menos, les está sirviendo como escuela de vida, como ejercicio de esfuerzo, superación, convivencia y respeto por los demás. Incluidos los rivales. Lo triste es que en este país de pandereta todo lo que se escape de los 90 minutos que dura un partido de fútbol, no merece ni el más mínimo de los respetos. Aprovechando estas vacaciones de verano me trago con gusto buena parte de estas olimpiadas de Río y pienso en los escasos medallistas nacionales que certifican el hecho de que a nuestras autoridades deportivas se la sopla todo aquello que no sea la LFP. Cuántas horas, cuanto sacrificio, cuánto dinero propio invertido en alcanzar el sueño de competir en unas olimpiadas, en un europeo o en un campeonato de España. Mis críos disfrutaron como siempre de su deporte en unas jornadas espectaculares para el judo mundial, en las que vibraron de nuevo con Teddy Riner, Shoei Ono o María Bernabeu. Nombres que no significan nada en el país del garrulismo ilustrado pero que, lo crean o no, son el sueño y el ejemplo de muchos judokas españoles. Y lo mismo podríamos trasladar al resto de disciplinas deportivas que seguimos durante estas cálidas noches de verano y en las que norteamericanos, rusos, japoneses, franceses, chinos o alemanes se dan todo un atracón de oros, platas y bronces mientras a nosotros, tristes españolitos, se nos cae la cara de vergüenza cuando echamos un ojo al medallero. Que casualidad que sean esos países los que se encuentran al frente de la economía mundial. Quizás se nos esté escapando algo en el reino de la mejor liga del mundo, la de los clubes deficitarios y pufistas que pagan millonadas de escándalo a deportistas veinteañeros con nóminas que en un solo mes superan con creces el presupuesto anual de cualquier federación deportiva, ya sea de atletismo, remo, badminton o natación. Veo los podios de Mireia Belmonte, de Marcus Walz, de Orlando Ortega…veo esas caras de inmensa felicidad y pienso en el esfuerzo por compaginar estudios y entrenamientos, tal y como hacen mis dos hijos sin prácticamente ningún apoyo estatal que al menos puediese facilitarles la organización de sus horas de estudio, sobre todo cuando terminen la educación obligatoria. Muchas horas de entrenamiento y muchas horas de estudio para sacar sus sueños adelante. Con esfuerzo algunos lograran subirse al podio para al final quedarse solos. El deporte, como en tantos otros países desarrollados, debería poder ser parte del futuro profesional de nuestros jóvenes. Y quien habla de deporte, habla de ciencia e investigación. Pero ya se sabe…es mucho más fácil crear otra burbuja inmobiliaria. Lo dicho, un país de pandereta.